Hello everyone!
Si sois mínimamente inteligentes o atentos, os daréis cuenta que hoy no cuento con el mejor estado de ánimo del mundo. Todo tiene un por qué.
Y en mi caso un por qué perfectamente comprensible.
Pero os enteraréis en las siguientes líneas.
Hoy en teoría debería haber hablado de cómo he vivido las rebajas en uno u otro lugar. O relatar acerca del fantástico espectáculo musical bollywoodiense al que asistí el sábado pasado, o incluso por qué no, hablar de la excelente noticia de la que me he enterado esta mañana y a la cual ya me he puesto en tarea.
Mucho tendrían que cambiar las cosas para que decidiera cambiar el tema sobre el que hablar. O debería ser algo con carácter urgente.
Y he aquí que así ha sido.
Precisamente es de urgencias de donde vengo.
¿Por qué?
No es porque esté enferma, lo puedo asegurar; que ya para eso me cuido yo, sino porque... ¡tachán tachán!
¡Un perro me ha mordido en la pierna!
Iba yo caminando tranquilamente esta mañana tranquilamente dirección Welwyn Garden City para ingresar dinero en mi banco, justo como hago semanalmente cuando... un perro (o mejor dicho, un puto chucho) me ha mordido en la parte posterior del muslo. Incluso yendo con correa.
El dueño se ha girado y le ha costado la vida decirme sorry, pero yo no le he perdonado. De hecho, he soltado bastantes improperios en castellano.
He llegado a casa y le he explicado la situación a mi hostdad que, afortunadamente, hoy descansaba y el pobre hombre ha flipado. Pero más he flipado yo cuando me la he limpiado y comenzó a sangrar.
En este punto del texto, es conveniente reseñar que me pongo muy nerviosa cuando veo mi propia sangre, no me importa la de los demás, pero la mía es mía y punto.
Bueno, me he puesto nerviosa en grado máximo por la sangre y porque he empezado a pensar que a lo mejor el perro no estaba vacunado (dadas las pintas del dueño) y que podía tener la rabia. Además de que no estoy segura de si estoy vacunada del tétanos (creo que sí, pero a saber...) así que me ha entrado un sofocón y me he puesto a llorar delante del pobre hombre, que no sabía qué hacer o decir para consolarme).
Me he puesto a hablar con el de urgencias por teléfono y me he puesto de mala leche porque hacía preguntas tontas en mi opinión y me ha hecho perder el tiempo para al final decirme que debería ir al centro de salud más cercano porque seguro que allí sería atendida mejor. En fin, un listo...
Y allá que he ido...para nada porque no atienden Emergency surgeries hasta las cuatro. Y solo una hora.
Así que me ha tocado volver.
He vuelto y, afortunadamente, no es grave ni profunda.
Tampoco me duele una barbaridad, pero sí que es molesta. Para que me entendáis, es como si alguien me estuviera clavando agujas en la pierna de forma permanente.
Diagnóstico final:
Lavar con agua caliente y sal cinco veces al día como mínimo durante lo que queda de semana y tener esta zona de la pierna en alto cuando esté sentada o, si duermo boca arriba (no es el caso). Ya si me duele más y eso, pasamos a los medicamentos.
¡Ah sí! Y bueno, también me he traído de recuerdo para casa, una vacuna del tétanos en el brazo izquierdo; con el consecuente sangrado y dolor acompañando dicha acción.
¿Qué atracción ejercerán las agujas de ese sitio hacia mi cuerpo que cada vez que voy siempre me acaban pinchando? Me siento como La Bella Durmiente en el cuento; por más que intente evitarlo, el pinchazo me lo llevo.
Eso sí, tampoco ha sido todo malo o pésimo.
De hecho, he sacado varias conclusiones de todo esto:
1. La primera de todas es que, si hay una mínima posibilidad de que algo inusual o tonto pase, tengo todas las papeletas de la rifa para que me acabe tocando a mí.
2. La segunda es que, gracias a esta situación, he practicado my speaking tasks. Incluso le he puesto un título: How to practice vocabulary on the Bridge Cottery Nursery.
3. Y la tercera y más importante:
WHO LETS THE DOGS OUT?!?!?!?!
Eso es todo por hoy.
See you tomorrow! Espero que con mejores nuevas y sin dolor alguno
Crossing fingers!
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