Se me acumulan las entradas sí, lo sé.
Pero esta será breve, concisa y muy divertida. Promise.
Podría detenerme a describir todas y cada una de las cosas de mi habitación inglesa; como que es abuhardillada, la tele de plasma que me compraron ex profeso, el sillón que también poseo, el hecho de que tanto el espejo de cuerpo entero como yo somos más altos que mi armario o que el refrán más vale maña que fuerza se aplica a la perfección a la ventana de la misma.
Pero no, hoy voy a hablar de mi lámpara. Diría de la mesita de noche pero no tengo mesita así que... hablaré de la lámpara de mi repisa de noche.
Es especial. Y me encanta
¿Por qué?
Porque funciona con aplausos para encenderla y darle más intensidad.
No hay que tocarla como a otras lámparas inglesas que he visto y tocado por ahí.
No.
Esta funciona a aplausos.
Sí, sí.
Aplausos.
Como lo habéis leído.
El descubrimiento fortuito por mi parte se transformó en entusiasmo cuando descubrí el método correcto de su funcionamiento y cual Milhouse en episodio de Los Simpson me pasé al menos un cuarto de hora aplaudiendo como una loca al santo de Luz, más luz, más luz ¡oh!
El único problema e inconveniente que esta lámpara tiene es que cuando hay un ruido muy fuerte, se pone tonta y se enciende sola.
Hago un inciso e indico que en realidad no es un GRAN problema porque como he mencionado, a más aplaudes, más intensidad adquiere así que... cuando madrugo, lo hago por la alarma del móvil y el despertador. No porque la luz esté encendida y me deslumbre toda ella.
Eso es todo por hoy.
Good nights (que no me voy a dormir, que conste)
PD: Por si no recordáis cuál es el video de Milhouse que menciono.... aquí podeis verlo:
martes, 15 de octubre de 2013
domingo, 13 de octubre de 2013
No me puedo ir sin...
He aquí un esbozo o lista de aquellas cosas que quiero ver y hacer antes de regresar para la mi casa en España.
Obviamente, algunas cosas ya las he hecho y otras las iré agregando con el paso del tiempo.
Pero de momento, estas son mis cosas a hacer... Y acepto compañía en todas y cada una de las ocasiones =)
Obviamente, algunas cosas ya las he hecho y otras las iré agregando con el paso del tiempo.
Pero de momento, estas son mis cosas a hacer... Y acepto compañía en todas y cada una de las ocasiones =)
Londres
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Big ben
-
Casas del Parlamento.
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British Museum
-
National Gallery/Trafalgar Square.
-
Museo Tate.
-
Hyde Park
-
Regent Park
-
Westminter Abby
-
Barrio de Mayfair (fotos de las calles para mi
libro)
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M&M’s World.
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Hamleys Toy Square.
-
Andén 9 ¾ con foto incluida.
-
The Globe
-
Madame Tussauds
Catedral de San Pablo.
Catedral de San Pablo.
-
Buckingham Palace y el cambio de guardia
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China Town
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Coventry Garden
-
Picadilly Circus
-
Torre de Londres
-
Catedral de San Pablo
-
Harrods. Comprarme un Teddy vestido como Enrique VIII.
-
Un partido de fútbol
-
Camdem Town/Portobello Market
-
Notting Hill
-
Collección Wallace
-
Templo indio de Wembley.
-
Entrar a un sitio donde haya una sección
dedicada a Bollywood
-
Abbey Road y su paso de cebra
-
Little Venice
-
Visitar Highgate (aunque sea tétrico visitar un
cementerio)
-
Visitar la Iglesia de los Templarios.
-
Tamford Hill para ver a los judíos
ultraortodoxos y tomarme algo en el mercado latino de Sevensisters.
-
Visitar el primer Hard Rock Café en 150 Old Park
Lane.
-
¿Museo de Sherlock Holmes?
-
Ascot. Probarme ridículos sombreros.
-
Conseguir una camiseta de GAP y Lonsdale en
rebajas. Obviamente, incluye ir a las rebajas en Londres.
-
Celebrar Halloween al modo inglés.
-
Comer cupcakes elaborados por mí. Y donuts.
Circuito por el Londres del terror.
Crucero por el Támesis
Foto con algo que ponga I love London
Foto con algo que ponga I love London
-
Comer comida india. Mucha
Fuera de Londres
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Cambridge
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Hampton Court. Foto con Enrique VIII
-
Bath. Foto con algo que ponga I love Mr. Darcy
-
Stonehenge
-
Nottingham
-
Knewboth House
-
Hatfield House
-
Brighton
-
¿Cardiff?
-
¿Edimburgo?
-
Greenwich
-
¿canterbury?
-
¿Stratfor upon Avon?
-
Warwick
¿Windsor?
jueves, 10 de octubre de 2013
Érase un primer día...
Y por fin llegó mi momento: mi primer día de trabajo como Au pair/particular Spanish teacher (aunque esta segunda faceta no la hemos tocado mucho todavía) según tal y como rezaba mi contrato de la agencia.
Llena de energía me levanté y preparé el pocket lunched de la niña que, aunque tiene once años, no es una entusiasta de levantarse pronto.
Con todo, marchamos juntas para el cole que está a diez minutos andando de casa, quince si vamos hablando o más bien chapurreando porque mi inglés mañanero no es una maravilla... Y cuando íbamos de camino ¡zas!
¡Una zorra!
Pero una zorra el animal, no del otro tipo y esta no se nos cruzó caminando ni nada, sino que un coche la había atropellado y estaba allí la pobre en la curva; cual niña para asustar.
El objetivo lo cumplió con mi hostgirl porque la pobre dio un chillo y pegó un rebote en la acera que no fue ni normal.
Una vez dejada la niña y cumplida mi obligación del día (también sin ganas de volver a casa porque era muy pronto) pensé qué podía hacer para pasar el tiempo y, como me encanta caminar, decidí comprobar por mí misma la información que mi hostmum me había dicho el día anterior y que no era otra que se podía ir desde mi pueblo al de al lado caminando.
Y lo hice.
Y se puede.
Una vez despejada y concienciada, me dispuse a realizar mis otras tareas y que incluyen una limpieza a fondo y una gran colada y/o día de plancha por la que me pagan 30 libras más.
Desde el primer momento que dicho día sería el lunes para estar desquitada el resto de la semana.
Y lo hice todo.
Acabé agotada pero satisfecha.
Como estoy sola por las mañanas, puedo comer a la hora que me da la gana y por eso, decidí comer el cacho sandwich que tienen por lunch junto a una pieza de fruta a las 2 hora inglesa mientras veo las chicas Gilmore en versión original; una serie que nunca jamás me cansaré de ver.
En este primer y especial día hube de repetir tan simple acción porque la jodía de la perra que tenemos en casa; que se llama Molly y está absolutamente loca, se comió mi sándwich apovechando que fui a lavarme las manos al lavabo de la planta de abajo.
Y eso que tenía prohibida la entrada al salón... MISCO
En fin, no todo fue malo porque cuando fui a recoger a la niña me encontré un pound en el camino, supongo que fue el karma que me devolvió el favor.
Y al llegar al patio del colegio St. John de Digswell me di cuenta de una cosa ¿por qué tengo mala suerte?
A ver, el colegio es pequeño, no tiene más de 200 alumnos... el problema es que las tres cuartas partes de los niños son rubios platinos de ojos claros. Y Amy, mi hostgirl entra dentro de esa gran categoría así que, distinguirla entre una multitud homogénea también gracias a su uniforme escolar y a mi miopía... no fue sencillo.
Si hubiera sido negra o india (que también los hay) o incluso morena porque para mi sorpresa no hay ningún pelirrojo en el colegio, me hubiera resultado más sencillo.
Volvimos a casa y, le di el té al estilo inglés: con leche y azúcar.
Y ese fue mi inicio de trabajo.
PD: De cenar spaguettis a la boloñesa.
Llena de energía me levanté y preparé el pocket lunched de la niña que, aunque tiene once años, no es una entusiasta de levantarse pronto.
Con todo, marchamos juntas para el cole que está a diez minutos andando de casa, quince si vamos hablando o más bien chapurreando porque mi inglés mañanero no es una maravilla... Y cuando íbamos de camino ¡zas!
¡Una zorra!
Pero una zorra el animal, no del otro tipo y esta no se nos cruzó caminando ni nada, sino que un coche la había atropellado y estaba allí la pobre en la curva; cual niña para asustar.
El objetivo lo cumplió con mi hostgirl porque la pobre dio un chillo y pegó un rebote en la acera que no fue ni normal.
Una vez dejada la niña y cumplida mi obligación del día (también sin ganas de volver a casa porque era muy pronto) pensé qué podía hacer para pasar el tiempo y, como me encanta caminar, decidí comprobar por mí misma la información que mi hostmum me había dicho el día anterior y que no era otra que se podía ir desde mi pueblo al de al lado caminando.
Y lo hice.
Y se puede.
Una vez despejada y concienciada, me dispuse a realizar mis otras tareas y que incluyen una limpieza a fondo y una gran colada y/o día de plancha por la que me pagan 30 libras más.
Desde el primer momento que dicho día sería el lunes para estar desquitada el resto de la semana.
Y lo hice todo.
Acabé agotada pero satisfecha.
Como estoy sola por las mañanas, puedo comer a la hora que me da la gana y por eso, decidí comer el cacho sandwich que tienen por lunch junto a una pieza de fruta a las 2 hora inglesa mientras veo las chicas Gilmore en versión original; una serie que nunca jamás me cansaré de ver.
En este primer y especial día hube de repetir tan simple acción porque la jodía de la perra que tenemos en casa; que se llama Molly y está absolutamente loca, se comió mi sándwich apovechando que fui a lavarme las manos al lavabo de la planta de abajo.
Y eso que tenía prohibida la entrada al salón... MISCO
En fin, no todo fue malo porque cuando fui a recoger a la niña me encontré un pound en el camino, supongo que fue el karma que me devolvió el favor.
Y al llegar al patio del colegio St. John de Digswell me di cuenta de una cosa ¿por qué tengo mala suerte?
A ver, el colegio es pequeño, no tiene más de 200 alumnos... el problema es que las tres cuartas partes de los niños son rubios platinos de ojos claros. Y Amy, mi hostgirl entra dentro de esa gran categoría así que, distinguirla entre una multitud homogénea también gracias a su uniforme escolar y a mi miopía... no fue sencillo.
Si hubiera sido negra o india (que también los hay) o incluso morena porque para mi sorpresa no hay ningún pelirrojo en el colegio, me hubiera resultado más sencillo.
Volvimos a casa y, le di el té al estilo inglés: con leche y azúcar.
Y ese fue mi inicio de trabajo.
PD: De cenar spaguettis a la boloñesa.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Érase un domingo...
Mi vuelo aterrizó en Luton un sábado y, muerta del cansancio entre unas horas y otras; no eran ni las doce de la noche horario británico cuando esta que escribe estaba planchando la oreja profundamente. Hecho que es bastante inhabitual en mi persona porque suelo extrañar y bastante la cama de mi habitación; con su almohada alta y confortable pese a no ser viscolatex y su doble colchón.
Esto no sucedió en este caso; bien pudiera ser (de hecho, estoy segura) por el cansancio acumulado, aunque eso sí, hube de ignorar a mi barriga que amenazaba con dolores para dormir en condiciones
En tal caso, cuando al dia siguiente quise abrir los ojos eran las diez de la mañana más o menos y con un hambre de caballo me levanté. Y solo cuando puse los pies en la moqueta del cuatro pensé:
"Estoy en pijama"
¿Y ahora qué hacía?
¿Bajaba o no bajaba en pijama?
Cierto que mi pijama de la Catrina o muerte mexicana es super precioso en mi opinión, pero no dejaba de ser un pijama y no dejaba de ser el primer día en una casa extranjera donde desconocía sus costumbres a la hora de andar por casa.
Una cosa era el relax pero hasta el relax tenía sus límites.
Sin embargo, me arriesgué y, valiente, bajé en mi pijama.
Para mi sorpresa, el resto de la familia estaba de la misma guisa que yo e incluso, llevaban batas y/o albornoz. O sea que, si me hubiera vestido hubiera dado la nota.
Suspiré de alivio y desayuné tan solo un café y un par de galletas porque la comida iba a ser en apenas dos horas.
Y tras un toasty y una fruta me dispuse a conocer face to face a la gente que vive a mi alrededor.
Lo más lógico hubiera sido que conociera a la chica aupair alemana que vive e mi pueblo. Eso hubiera sido lo más lógico, pero como me hizo una señora tres catorce, aún hoy continúo a la espera de que le apetezca conocerme (solo tiene que bajar del monte) me fui al pueblo de al lado: Welwyn Garden City.
O mejor dicho, me llevaron porque el primer domingo conocí la tónica que sería, es y seguirá siendo durante creo, toda mi estancia aquí: el engineering work dominguero.
O lo que es lo mismo, el trabajo de mejora y reparación de vías que impide el desplazamiento por tren hacia determinados destinos. Una JODIENDA continua porque para mí el tren es el método de transporte más barato y cercano a excepción de mis piernas por supuesto.
Pero en fin, amablemente mi hostmum se prestó a llevarme y pasé una más que agradable tarde soleada junto a dos chicas; una española y otra francesa con las que improved my english a lot.
Solo a la hora de volver, cuando con mi movil actual y su tarifa de datos por mucho que tenga la roaming activada tuve algo de dificultad y ahí fue donde me di cuenta de que, para cosas como esta necesitaba un movil inglés (aún sigo en ello).
Regresamos a casa, cenamos una ricas verduras cocidas con una salsa típica de aquí y...
me preparé para lo que iba a ser mi primer día oficial (así al menos lo indica en el contrato de la agencia de aupairs con la que me vine) de trabajo.
Por segundo día consecutivo, no eran ni las doce de la noche hora inglesa y estaba fritita...
Esto no sucedió en este caso; bien pudiera ser (de hecho, estoy segura) por el cansancio acumulado, aunque eso sí, hube de ignorar a mi barriga que amenazaba con dolores para dormir en condiciones
En tal caso, cuando al dia siguiente quise abrir los ojos eran las diez de la mañana más o menos y con un hambre de caballo me levanté. Y solo cuando puse los pies en la moqueta del cuatro pensé:
"Estoy en pijama"
¿Y ahora qué hacía?
¿Bajaba o no bajaba en pijama?
Cierto que mi pijama de la Catrina o muerte mexicana es super precioso en mi opinión, pero no dejaba de ser un pijama y no dejaba de ser el primer día en una casa extranjera donde desconocía sus costumbres a la hora de andar por casa.
Una cosa era el relax pero hasta el relax tenía sus límites.
Sin embargo, me arriesgué y, valiente, bajé en mi pijama.
Para mi sorpresa, el resto de la familia estaba de la misma guisa que yo e incluso, llevaban batas y/o albornoz. O sea que, si me hubiera vestido hubiera dado la nota.
Suspiré de alivio y desayuné tan solo un café y un par de galletas porque la comida iba a ser en apenas dos horas.
Y tras un toasty y una fruta me dispuse a conocer face to face a la gente que vive a mi alrededor.
Lo más lógico hubiera sido que conociera a la chica aupair alemana que vive e mi pueblo. Eso hubiera sido lo más lógico, pero como me hizo una señora tres catorce, aún hoy continúo a la espera de que le apetezca conocerme (solo tiene que bajar del monte) me fui al pueblo de al lado: Welwyn Garden City.
O mejor dicho, me llevaron porque el primer domingo conocí la tónica que sería, es y seguirá siendo durante creo, toda mi estancia aquí: el engineering work dominguero.
O lo que es lo mismo, el trabajo de mejora y reparación de vías que impide el desplazamiento por tren hacia determinados destinos. Una JODIENDA continua porque para mí el tren es el método de transporte más barato y cercano a excepción de mis piernas por supuesto.
Pero en fin, amablemente mi hostmum se prestó a llevarme y pasé una más que agradable tarde soleada junto a dos chicas; una española y otra francesa con las que improved my english a lot.
Solo a la hora de volver, cuando con mi movil actual y su tarifa de datos por mucho que tenga la roaming activada tuve algo de dificultad y ahí fue donde me di cuenta de que, para cosas como esta necesitaba un movil inglés (aún sigo en ello).
Regresamos a casa, cenamos una ricas verduras cocidas con una salsa típica de aquí y...
me preparé para lo que iba a ser mi primer día oficial (así al menos lo indica en el contrato de la agencia de aupairs con la que me vine) de trabajo.
Por segundo día consecutivo, no eran ni las doce de la noche hora inglesa y estaba fritita...
lunes, 7 de octubre de 2013
Érase una cena...
Después de terminar mi bocadillo, de pepino me dispuse a deshacer mi maleta pero... casi no tuve tiempo porque al ser final de mes, mi familia tenía que ir a hacer la compra del mes... y como yo me apunt aun bombardeo y tampoco tenía muchas ganas o entusiasmo de deshacer la maleta tan pronto... pues fui con ellas.
Y allí que fuimos, al TESCO de Hitchin; un pueblo cercano porque mi mini pueblo/urbanización carece de gran supermercado; que no de tiendas, pero ya hablaré de eso otro día.
Además, necesitaba ir porque era urgente mi necesidad de algunas cosas básicas.
Entre las cuales se hallaba una libreta.
Sí, sí.
Una libreta.
Para la inmensa mayoría de la gente sé que no es algo de primera necesidad, pero ese no es mi caso. Yo necesito siempre al alcance de mi mano un trozo de papel o algo para escribir aquello que pueda olvidárseme; máxime cuando tengo unas musas repletas de actividad creativa.
Y me compré una muy bonita.
Tan bonita que es el fondo del blog; pa que veáis.
Me dispuse a pagarla con toda mi buena voluntad, pero mi hostmum se negó en redondo. Nanai de la china, según sus propias palabras era su regalo hacia mí. Pues nada, el dinero, las libras y la reina conmigo se quedaron.
Regresamos del TESCO y concluí de colocar mis cosas; cada una en su lugar correcto, incluyendo los zapatos en la entrada ya que está prohibido que caminemos con calzado por la casa para no manchar la moqueta; la cual,ya tiene de por sí suficiente con la ingente cantidad de motas de pintura de cuando el padre hizo de pintor de brocha su profesión.
Y, lo que yo más temía, a las siete de la tarde hora inglesa llegó la cena.
Hago un inciso y digo que en esta familia, los días de diario las horas de cena son muy variables; así la peque tiene que cenar en torno a las 5, la teenager a las seis, aunque es muy independiente y cena lo que y cuando le da la gana y yo; como soy mayor, ceno con los padres entre siete y media y ocho.
Sin embargo, los fines de semana suelen aprovechar para cenar todos juntos y, pese a que no tenía ni pizca de hambre, me uní a ellos.
La mala suerte me acompañó porque me hicieron una sú
per cena de bienvenida muy currada y mi estómago estaba totalmente cerrado y no por la labor.
Aún así, hice de tripas corazón y me comí todo lo que había en el plato; que estaba delicioso pero que es una bomba hipercalórica y muy pesada para ser una cena para mi estomaguillo delicado de pajarito.
Consecuencia: acidez y dolor de estómago toda la noche.
No fue mi primera mejor noche posible.
Eso sí, caí rendida en cuanto me tumbé en la cama; la cual según mi hostmum es súper incómoda pero yo; que soy algo especial en estos asuntos (sobre todo en lo que almohadas se refiere) aún no le he encontrado pegas.
Y allí que fuimos, al TESCO de Hitchin; un pueblo cercano porque mi mini pueblo/urbanización carece de gran supermercado; que no de tiendas, pero ya hablaré de eso otro día.
Además, necesitaba ir porque era urgente mi necesidad de algunas cosas básicas.
Entre las cuales se hallaba una libreta.
Sí, sí.
Una libreta.
Para la inmensa mayoría de la gente sé que no es algo de primera necesidad, pero ese no es mi caso. Yo necesito siempre al alcance de mi mano un trozo de papel o algo para escribir aquello que pueda olvidárseme; máxime cuando tengo unas musas repletas de actividad creativa.
Y me compré una muy bonita.
Tan bonita que es el fondo del blog; pa que veáis.
Me dispuse a pagarla con toda mi buena voluntad, pero mi hostmum se negó en redondo. Nanai de la china, según sus propias palabras era su regalo hacia mí. Pues nada, el dinero, las libras y la reina conmigo se quedaron.
Regresamos del TESCO y concluí de colocar mis cosas; cada una en su lugar correcto, incluyendo los zapatos en la entrada ya que está prohibido que caminemos con calzado por la casa para no manchar la moqueta; la cual,ya tiene de por sí suficiente con la ingente cantidad de motas de pintura de cuando el padre hizo de pintor de brocha su profesión.
Y, lo que yo más temía, a las siete de la tarde hora inglesa llegó la cena.
Hago un inciso y digo que en esta familia, los días de diario las horas de cena son muy variables; así la peque tiene que cenar en torno a las 5, la teenager a las seis, aunque es muy independiente y cena lo que y cuando le da la gana y yo; como soy mayor, ceno con los padres entre siete y media y ocho.
Sin embargo, los fines de semana suelen aprovechar para cenar todos juntos y, pese a que no tenía ni pizca de hambre, me uní a ellos.La mala suerte me acompañó porque me hicieron una sú
per cena de bienvenida muy currada y mi estómago estaba totalmente cerrado y no por la labor.
Aún así, hice de tripas corazón y me comí todo lo que había en el plato; que estaba delicioso pero que es una bomba hipercalórica y muy pesada para ser una cena para mi estomaguillo delicado de pajarito.
Consecuencia: acidez y dolor de estómago toda la noche.
No fue mi primera mejor noche posible.
Eso sí, caí rendida en cuanto me tumbé en la cama; la cual según mi hostmum es súper incómoda pero yo; que soy algo especial en estos asuntos (sobre todo en lo que almohadas se refiere) aún no le he encontrado pegas.
domingo, 6 de octubre de 2013
Érase un viaje
Ahora ya sí que sí, tras el inciso informativo puedo proceder a comentar como se merece lo que sí vino siendo mi viaje a UK.
Terminada la lectura y sin ningun tipo de hambre, lo celebré con una bolsa de Risketos a mi salud y un trozo de brownie que mis excompis de piso habían hecho y que estaba delicioso.
Acto seguido, con un día otoñal y típicamente londinense (fresquete) fui a despedirme de dos de mis compañeros de historia y másteres e, hice lo que no había hecho nunca en mis siete años de estancia cacereña; tomar el L4 o el L8 para que me llevara a la estación de autobuses donde mi segunda pequeña saltamontes me estaba esperando.
Obviamente era mi primera y mi última vez y mis nervios acerca de las horas y si iba o no a llegar a tiempo para coger el de Mérida crecían por momentos.
Gracias a Dios no pasó nada y todo transcurrió sin incidentes.
Cogí el bus para Mérida y llegué a mi casa; donde terminé de hacer las maletas (porque la de mano la tenía hecha pero tuvo que ser deshecha para su uso al viaje cacereño). Acción a priori sencilla pero extremadamente difícil porque se iba llenando cada vez más y veía que debía hacer una selección de cosas porque sino iba a superar el peso establecido.
La fuimos a pesar a la farmacia y... bueno, medio kilo.
Suspiré.
No creía que me fuesen a decir nada por medio kilo.
A todo esto, yo tenía que haber cenado pero fui incapaz de ingerir ni uno solo de los calamares que tenía de cena gracias a la conjunción de los nervios acumulados de antes y los que se iban creando por lo que estaba por suceder.
Me fui a "dormir" (eufemismo, porque más bien la definición fue a estirar las piernas sobre la cama) pronto y, aún más temprano me tuve que levantar: a las cuatro y media, gracias al largo trayecto en coche y a las dos horas de embarque y facturación que tenía que estar allí antes y el vuelo salía a las 10: 50.
He de decir a todo esto que, sin que sirviera de precedente, me quedé sopa en el coche acurrucada a mi mami.
Llegada al aeropuerto y... esperar.
Eso sí, tras soplar dinero porque me había excedido del peso más de medio kilo; lo cual explica y confirma mi teoría de por qué pienso que las máquinas de las farmacias están jodías de la cabeza y nunca las utilizo para pesarme.
Me aburría tanto que gasté la batería del móvil... y gracias al aburrimiento y al nerviosismo, busqué con algo de desesperación alguien con quien hablar. Lo hallé gracias a una chica asturiana que iba a visitar a sus amgos aupairs en Londres.
Por fin, me monté en mi asiento del avión junto a una pareja de argentinos y... los nervios regresaron.
No tengo miedo a volar pero hacía tanto que no lo hacía que no sabía que iba a sentir.
Afortunadamente, todo salió bien y el despegue sin problemas.
Una vez en el aire, intenté dormir.
Intenté que no conseguí.
Consecuencia,nuevamente aburrida.
Tato que me leí dos veces las revistas de propaganda del avión y tanto, que me use a observar cómo dormía la afortunada gente que pudo hacerlo en el avión.
Vencedores sin duda, la pareja que tenía al lado con su dolorosa posición de escorzo.
A menos de media hora, la pareja se despertó y me preguntó si había estado en Londres.
Respuesta sí, pero hace mucho de eso (hecho que subsanaré en breves) Aún así, no les importó y comenzaron a preguntarme cosas a las que yo respondí como aquella que llevaba toda la vida viviendo en UK.
Finalmente, aterrizamos de manera mucho más suave que la del despegue y tras acceder al pequeño y en mi opinión desvencijado y destartalado aeropuerto de Luton; tambien pequeño debo decir, cosa que agradezco, los nervios reaparecieron en el momento en que tuve que hacer cola para esperar a que salieran las maletas; y la mía tardó al menos media hora.
Sin problemas nuevamente, me dispuse a abandonar el sitio y, me decepcioné un poco cuando no vi grandes aglomeraciones de personas en el aeropuerto para despedir o recibir a la gente. Y tampoco cuando vi a mi hostmum sin pancartón de bienvenida.
Jops =(
En su lugar me acogió de forma muy calurosa y afectuosa y, para no perder costumbres me saludó con dos besos; a la española sí señor.
Media hora después, llegamos a Digswell; el pueblo/urbanización donde iba a vivir.
Eso sí, tras parar para comprar el pan para la comida.
Ahí me vierais llegar a la casa, muy soleada donde me estaban esperando los otros tres miembros de la familia y yo; hecha un flan.
Casi a las tres de la tarde tuve mi primera comida inglesa: un bocadillo de ham y cucumber (jamon york con pepinillos) sin que faltara la omnipresente mantequilla untada eso sí.
Puede parecer increíble pero sin haber cenado y habiendo desayunado tan solo un batido de vainilla, no tenía hambre.
Cuanto menos cuando eres el centro de atención fija de ocho pares de ojos humanos observándote y dos caninos.
Terminada la lectura y sin ningun tipo de hambre, lo celebré con una bolsa de Risketos a mi salud y un trozo de brownie que mis excompis de piso habían hecho y que estaba delicioso.
Acto seguido, con un día otoñal y típicamente londinense (fresquete) fui a despedirme de dos de mis compañeros de historia y másteres e, hice lo que no había hecho nunca en mis siete años de estancia cacereña; tomar el L4 o el L8 para que me llevara a la estación de autobuses donde mi segunda pequeña saltamontes me estaba esperando.
Obviamente era mi primera y mi última vez y mis nervios acerca de las horas y si iba o no a llegar a tiempo para coger el de Mérida crecían por momentos.
Gracias a Dios no pasó nada y todo transcurrió sin incidentes.
Cogí el bus para Mérida y llegué a mi casa; donde terminé de hacer las maletas (porque la de mano la tenía hecha pero tuvo que ser deshecha para su uso al viaje cacereño). Acción a priori sencilla pero extremadamente difícil porque se iba llenando cada vez más y veía que debía hacer una selección de cosas porque sino iba a superar el peso establecido.
La fuimos a pesar a la farmacia y... bueno, medio kilo.
Suspiré.
No creía que me fuesen a decir nada por medio kilo.
A todo esto, yo tenía que haber cenado pero fui incapaz de ingerir ni uno solo de los calamares que tenía de cena gracias a la conjunción de los nervios acumulados de antes y los que se iban creando por lo que estaba por suceder.
Me fui a "dormir" (eufemismo, porque más bien la definición fue a estirar las piernas sobre la cama) pronto y, aún más temprano me tuve que levantar: a las cuatro y media, gracias al largo trayecto en coche y a las dos horas de embarque y facturación que tenía que estar allí antes y el vuelo salía a las 10: 50.
He de decir a todo esto que, sin que sirviera de precedente, me quedé sopa en el coche acurrucada a mi mami.
Llegada al aeropuerto y... esperar.
Eso sí, tras soplar dinero porque me había excedido del peso más de medio kilo; lo cual explica y confirma mi teoría de por qué pienso que las máquinas de las farmacias están jodías de la cabeza y nunca las utilizo para pesarme.
Me aburría tanto que gasté la batería del móvil... y gracias al aburrimiento y al nerviosismo, busqué con algo de desesperación alguien con quien hablar. Lo hallé gracias a una chica asturiana que iba a visitar a sus amgos aupairs en Londres.
Por fin, me monté en mi asiento del avión junto a una pareja de argentinos y... los nervios regresaron.
No tengo miedo a volar pero hacía tanto que no lo hacía que no sabía que iba a sentir.
Afortunadamente, todo salió bien y el despegue sin problemas.
Una vez en el aire, intenté dormir.
Intenté que no conseguí.
Consecuencia,nuevamente aburrida.
Tato que me leí dos veces las revistas de propaganda del avión y tanto, que me use a observar cómo dormía la afortunada gente que pudo hacerlo en el avión.Vencedores sin duda, la pareja que tenía al lado con su dolorosa posición de escorzo.
A menos de media hora, la pareja se despertó y me preguntó si había estado en Londres.
Respuesta sí, pero hace mucho de eso (hecho que subsanaré en breves) Aún así, no les importó y comenzaron a preguntarme cosas a las que yo respondí como aquella que llevaba toda la vida viviendo en UK.
Finalmente, aterrizamos de manera mucho más suave que la del despegue y tras acceder al pequeño y en mi opinión desvencijado y destartalado aeropuerto de Luton; tambien pequeño debo decir, cosa que agradezco, los nervios reaparecieron en el momento en que tuve que hacer cola para esperar a que salieran las maletas; y la mía tardó al menos media hora.
Sin problemas nuevamente, me dispuse a abandonar el sitio y, me decepcioné un poco cuando no vi grandes aglomeraciones de personas en el aeropuerto para despedir o recibir a la gente. Y tampoco cuando vi a mi hostmum sin pancartón de bienvenida.
Jops =(
En su lugar me acogió de forma muy calurosa y afectuosa y, para no perder costumbres me saludó con dos besos; a la española sí señor.
Media hora después, llegamos a Digswell; el pueblo/urbanización donde iba a vivir.
Eso sí, tras parar para comprar el pan para la comida.
Ahí me vierais llegar a la casa, muy soleada donde me estaban esperando los otros tres miembros de la familia y yo; hecha un flan.
Casi a las tres de la tarde tuve mi primera comida inglesa: un bocadillo de ham y cucumber (jamon york con pepinillos) sin que faltara la omnipresente mantequilla untada eso sí.
Puede parecer increíble pero sin haber cenado y habiendo desayunado tan solo un batido de vainilla, no tenía hambre.
Cuanto menos cuando eres el centro de atención fija de ocho pares de ojos humanos observándote y dos caninos.
¡¡HE VUELTO!!
Sí, como reza el título he vuelto.
Sé que tendría que escribir sobre mi viaje pero... era necesario una entrada explicativa al respecto.
No desaparecí porque quise ni nada por el estilo, es más, al revés, tengo tanto que contar que me estreso al pensarlo siquiera... pero no, el motivo de mi desaparición temporal fue que las agradables personas que trabajan en el aeropuerto de Barajas me rompieron el cargador de mi laptop.
¿Cómo?
Muy sencillo, cuando llevas el PC en tu equipaje de mano para volar tienes que sacarlo fuera para que te lo vean por la batería. Pues bien,mi maleta de mano iba igual de petada que la grande y tuve algo de dificultad a la hora de sacarlo. "Amablemente" un señor en su momento, me ayudó a hacerlo y yo le estuve tremendamente agradecida.... hasta que me di cuenta de que el favor no había sido tal, sino más bien una ruina porque el agradable señor tiró el cable hasta que se mantuvo solo por unos hilos.
¿Consecuencia?
Podía utilizarlo, sí pero cada vez que lo hacía salía un montón de chispas del cable y además, hubo una vez en que casi se prenden fuego mis pantalones. No era la mejor idea.
Solo me quedaba como opción comprarme un cargador aquí.
Triste ante la perspectiva de gastarme un huevazo de dinero bajé y le expliqué la situación a mi familia. Y no había terminado muy bien de pronunciar la frase cuando mi hostdad me cogió el cargador y se puso a inspeccionarlo como si de un CSI se tratara (reseño aquí que es policía) y apenas dos (fueron más) minutos después me dijo:
"No te preocupes, acabo de encargarte uno nuevo. Estará en casa en cinco días como mucho. Es mi regalo de bienvenida para ti"
No me lo podía creer.
De hecho, parecí tonta porque se lo pregunté varias veces presa de la incredulidad.
Pero sí, me lo compró.
Y aquí lo tengo conmigo para que mi laptop vuelva a sus tiempos de máximo rendimiento.
Muy pronto más, que no se me ha olvidado que tengo que relatar mi viaje.
Sé que tendría que escribir sobre mi viaje pero... era necesario una entrada explicativa al respecto.
No desaparecí porque quise ni nada por el estilo, es más, al revés, tengo tanto que contar que me estreso al pensarlo siquiera... pero no, el motivo de mi desaparición temporal fue que las agradables personas que trabajan en el aeropuerto de Barajas me rompieron el cargador de mi laptop.
¿Cómo?
Muy sencillo, cuando llevas el PC en tu equipaje de mano para volar tienes que sacarlo fuera para que te lo vean por la batería. Pues bien,mi maleta de mano iba igual de petada que la grande y tuve algo de dificultad a la hora de sacarlo. "Amablemente" un señor en su momento, me ayudó a hacerlo y yo le estuve tremendamente agradecida.... hasta que me di cuenta de que el favor no había sido tal, sino más bien una ruina porque el agradable señor tiró el cable hasta que se mantuvo solo por unos hilos.
¿Consecuencia?
Podía utilizarlo, sí pero cada vez que lo hacía salía un montón de chispas del cable y además, hubo una vez en que casi se prenden fuego mis pantalones. No era la mejor idea.
Solo me quedaba como opción comprarme un cargador aquí.
Triste ante la perspectiva de gastarme un huevazo de dinero bajé y le expliqué la situación a mi familia. Y no había terminado muy bien de pronunciar la frase cuando mi hostdad me cogió el cargador y se puso a inspeccionarlo como si de un CSI se tratara (reseño aquí que es policía) y apenas dos (fueron más) minutos después me dijo:
"No te preocupes, acabo de encargarte uno nuevo. Estará en casa en cinco días como mucho. Es mi regalo de bienvenida para ti"
No me lo podía creer.
De hecho, parecí tonta porque se lo pregunté varias veces presa de la incredulidad.
Pero sí, me lo compró.
Y aquí lo tengo conmigo para que mi laptop vuelva a sus tiempos de máximo rendimiento.
Muy pronto más, que no se me ha olvidado que tengo que relatar mi viaje.
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