lunes, 7 de octubre de 2013

Érase una cena...

Después de terminar mi bocadillo, de pepino me dispuse a deshacer mi maleta pero... casi no tuve tiempo porque al ser final de mes, mi familia tenía que ir a hacer la compra del mes... y como yo me apunt aun bombardeo y tampoco tenía muchas ganas o entusiasmo de deshacer la maleta tan pronto... pues fui con ellas.
Y allí que fuimos, al TESCO de Hitchin; un pueblo cercano porque mi mini pueblo/urbanización carece de gran supermercado; que no de tiendas, pero ya hablaré de eso otro día.
Además, necesitaba ir porque era urgente mi necesidad de algunas cosas básicas.
Entre las cuales se hallaba una libreta.
Sí, sí.
Una libreta.
Para la inmensa mayoría de la gente sé que no es algo de primera necesidad, pero ese no es mi caso. Yo necesito siempre al alcance de mi mano un trozo de papel o algo para escribir aquello que pueda olvidárseme; máxime cuando tengo unas musas repletas de actividad creativa.
 Y me compré una muy bonita.
Tan bonita que es el fondo del blog; pa que veáis.
Me dispuse a pagarla con toda mi buena voluntad, pero mi hostmum se negó en redondo. Nanai de la china, según sus propias palabras era su regalo hacia mí. Pues nada, el dinero, las libras y la reina conmigo se quedaron.
Regresamos del TESCO y concluí de colocar mis cosas; cada una en su lugar correcto, incluyendo los zapatos en la entrada ya que está prohibido que caminemos con calzado por la casa para no manchar la moqueta; la cual,ya tiene de por sí suficiente con la ingente cantidad de motas de pintura de cuando el padre hizo de pintor de brocha su profesión.
Y, lo que yo más temía, a las siete de la tarde hora inglesa llegó la cena.
Hago un inciso y digo que en esta familia, los días de diario las horas de cena son muy variables; así la peque tiene que cenar en torno a las 5, la teenager a las seis, aunque es muy independiente y cena lo que y cuando le da la gana y yo; como soy mayor, ceno con los padres entre siete y media y ocho.
Sin embargo, los fines de semana suelen aprovechar para cenar todos juntos y, pese a que no tenía ni pizca de hambre, me uní a ellos.
La mala suerte me acompañó porque me hicieron una sú
per cena de bienvenida muy currada y mi estómago estaba totalmente cerrado y no por la labor.
Aún así, hice de tripas corazón y me comí todo lo que había en el plato; que estaba delicioso pero que es una bomba hipercalórica y muy pesada para ser una cena para mi estomaguillo delicado de pajarito.
Consecuencia: acidez y dolor de estómago toda la noche.
No fue mi primera mejor noche posible.
Eso sí, caí rendida en cuanto me tumbé en la cama; la cual según mi hostmum es súper incómoda pero yo; que soy algo especial en estos asuntos (sobre todo en lo que almohadas se refiere) aún no le he encontrado pegas.

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