martes, 15 de octubre de 2013

Érase una lámpara

Se me acumulan las entradas sí, lo sé.
Pero esta será breve, concisa y muy divertida. Promise.
Podría detenerme a describir todas y cada una de las cosas de mi habitación inglesa; como que es abuhardillada, la tele de plasma que me compraron ex profeso, el sillón que también poseo, el hecho de que tanto el espejo de cuerpo entero como yo somos más altos que mi armario o que el refrán más vale maña que fuerza se aplica a la perfección a la ventana de la misma.
Pero no, hoy voy a hablar de mi lámpara. Diría de la mesita de noche pero no tengo mesita así que... hablaré de la lámpara de mi repisa de noche.
Es especial. Y me encanta
¿Por qué?
Porque funciona con aplausos para encenderla y darle más intensidad.
No hay que tocarla como a otras lámparas inglesas que he visto y tocado por ahí.
No.
Esta funciona a aplausos.
Sí, sí.
Aplausos.
Como lo habéis leído.
El descubrimiento fortuito por mi parte se transformó en entusiasmo cuando descubrí el método correcto de su funcionamiento y cual Milhouse en episodio de Los Simpson me pasé al menos un cuarto de hora aplaudiendo como una loca al santo de Luz, más luz, más luz ¡oh!
El único problema e inconveniente que esta lámpara tiene es que cuando hay un ruido muy fuerte, se pone tonta y se enciende sola.
Hago un inciso e indico que en realidad no es un GRAN problema porque como he mencionado, a más aplaudes, más intensidad adquiere así que... cuando madrugo, lo hago por la alarma del móvil y el despertador. No porque la luz esté encendida y me deslumbre toda ella.
Eso es todo por hoy.
Good nights (que no me voy a dormir, que conste)
PD: Por si no recordáis cuál es el video de Milhouse que menciono.... aquí podeis verlo:

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