domingo, 6 de octubre de 2013

Érase un viaje

Ahora ya sí que sí, tras el inciso informativo puedo proceder a comentar como se merece lo que sí vino siendo mi viaje a UK.
Terminada la lectura y sin ningun tipo de hambre, lo celebré con una bolsa de Risketos a mi salud y un trozo de brownie que mis excompis de piso habían hecho y que estaba delicioso.
Acto seguido, con un día otoñal y típicamente londinense (fresquete) fui a despedirme de dos de mis compañeros de historia y másteres e, hice lo que no había hecho nunca en mis siete años de estancia cacereña; tomar el L4 o el L8 para que me llevara a la estación de autobuses donde mi segunda pequeña saltamontes me estaba esperando.
Obviamente era mi primera y mi última vez y mis nervios acerca de las horas y si iba o no a llegar a tiempo para coger el de Mérida crecían por momentos.
Gracias a Dios no pasó nada y todo transcurrió sin incidentes.
Cogí el bus para Mérida y llegué a mi casa; donde terminé de hacer las maletas (porque la de mano la tenía hecha pero tuvo que ser deshecha para su uso al viaje cacereño). Acción a priori sencilla pero extremadamente difícil porque se iba llenando cada vez más y veía que debía hacer una selección de cosas porque sino iba a superar el peso establecido.
La fuimos a pesar a la farmacia y... bueno, medio kilo.
Suspiré.
No creía que me fuesen a decir nada por medio kilo.
A todo esto, yo tenía que haber cenado pero fui incapaz de ingerir ni uno solo de los calamares que tenía de cena gracias a la conjunción de los nervios acumulados de antes y los que se iban creando por lo que estaba por suceder.
Me fui a "dormir" (eufemismo, porque más bien la definición fue a estirar las piernas sobre la cama) pronto y, aún más temprano me tuve que levantar: a las cuatro y media, gracias al largo trayecto en coche y a las dos horas de embarque y facturación que tenía que estar allí antes y el vuelo salía a las 10: 50.
He de decir a todo esto que, sin que sirviera de precedente, me quedé sopa en el coche acurrucada a mi mami.
Llegada al aeropuerto y... esperar.
Eso sí, tras soplar dinero porque me había excedido del peso más de medio kilo; lo cual explica y confirma mi teoría de por qué pienso que las máquinas de las farmacias están jodías de la cabeza y nunca las utilizo para pesarme.
Me aburría tanto que gasté la batería del móvil... y gracias al aburrimiento y al nerviosismo, busqué con algo de desesperación alguien con quien hablar. Lo hallé gracias a una chica asturiana que iba a visitar a sus amgos aupairs en Londres.
Por fin, me monté en mi asiento del avión junto a una pareja de argentinos y... los nervios regresaron.
No tengo miedo a volar pero hacía tanto que no lo hacía que no sabía que iba a sentir.
Afortunadamente, todo salió bien y el despegue sin problemas.
Una vez en el aire, intenté dormir.
Intenté que no conseguí.
Consecuencia,nuevamente aburrida.
Tato que me leí dos veces las revistas de propaganda del avión y tanto, que me use a observar cómo dormía la afortunada gente que pudo hacerlo en el avión.
Vencedores sin duda,  la pareja que tenía al lado con su dolorosa posición de escorzo.
A menos de media hora, la pareja se despertó y me preguntó si había estado en Londres.
Respuesta sí, pero hace mucho de eso (hecho que subsanaré en breves) Aún así, no les importó y comenzaron a preguntarme cosas a las que yo respondí como aquella que llevaba toda la vida viviendo en UK.
Finalmente, aterrizamos de manera mucho más suave que la del despegue y tras acceder al pequeño y en mi opinión  desvencijado y destartalado aeropuerto de Luton; tambien pequeño debo decir, cosa que agradezco, los nervios reaparecieron en el momento en que tuve que hacer cola para esperar a que salieran las maletas; y la mía tardó al menos media hora.
Sin problemas nuevamente, me dispuse a abandonar el sitio y, me decepcioné un poco cuando no vi grandes aglomeraciones de personas en el aeropuerto para despedir o recibir a la gente. Y tampoco cuando vi a mi hostmum sin pancartón de bienvenida.
Jops =(
En su lugar me acogió de forma muy calurosa y afectuosa y, para no perder costumbres me saludó con dos besos; a la española sí señor.
Media hora después, llegamos a Digswell; el pueblo/urbanización donde iba a vivir.
Eso sí, tras parar para comprar el pan para la comida.
Ahí me vierais llegar a la casa, muy soleada donde me estaban esperando los otros tres miembros de la familia y yo; hecha un flan.
Casi a las tres de la tarde tuve mi primera comida inglesa: un bocadillo de ham y cucumber (jamon york con pepinillos) sin que faltara la omnipresente mantequilla untada eso sí.
Puede parecer increíble pero sin haber cenado y habiendo desayunado tan solo un batido de vainilla, no tenía hambre.
Cuanto menos cuando eres el centro de atención fija de ocho pares de ojos humanos observándote y dos caninos.

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